Mensajes para Marcos Tadeu Teixeira en Jacareí SP, Brasil
domingo, 24 de julio de 2022
Aparición y Mensaje de Nuestra Señora y Santa Lea - En las apariciones de Jacareí Sp Brasil
Deseo Más Oración y Más Amor para Mi Hijo Jesús

Jacareí, 24 de Julio de 2022
Mensaje De Nuestra Señora Reina Y Mensajera De Paz Y Santa Lea
En Las Apariciones De Jacareí Sp Brasil
Al Vidente Marcos Tadeu
(María Santísima): «Queridos hijos, ¡hoy os llamo a todos de nuevo a la oración!
Deseo más oración y más amor para Mi hijo Jesús. Por eso, deseo que vengáis aquí a Mi Santuario todos los domingos a las 9 de la mañana. Que recéis el Rosario del Sagrado Corazón, el Rosario de la Misericordia, el Rosario del Amor y el Rosario de las Santas Llagas en el Trono del Sagrado Corazón de Mi hijo Jesús, ante el Cenáculo.
Para que así, Mi hijo Jesús pueda recibir de vosotros: adoración, alabanza, amor. Y que Él inflame vuestros corazones con la llama de su amor, para que entonces, durante el Cenáculo, seáis dignos de recibir aquí las riquezas de Su Sagrado Corazón.
También deseo que recéis el Rosario del Amor todos los días, especialmente los martes y los viernes, para desagraviar al Corazón de Mi hijo Jesús, para consolar a Mi hijo y para ayudarme a salvar almas y a entregar almas a Mi hijo Jesús.
Sigue rezando el Rosario todos los días.
Reza durante 3 días seguidos el Rosario meditado 291 y dáselo a 5 de Mis hijos que no lo tengan. De este modo, Mis hijos meditarán los importantes y graves mensajes que contiene este Rosario. Y así, comprenderán Mi aflicción, Mi preocupación por el destino eterno de Mis hijos y sentirán la necesidad de amarme, de rezar más y de ayudarme a salvar almas.
También deseo que cada uno de vosotros, en el mes de agosto, rece Mi «Trezena» dos veces: una desde el día 1 hasta el 13, y otra unos días después hasta finales de agosto. Para que así, hijos Míos, podáis ofrecer más oraciones que Me ayuden a salvar almas y a alejar otro nuevo gran castigo que podría caer sobre la humanidad y que ha sido atraído por los numerosos pecados que el mundo comete cada día ofendiendo al Señor.
Mi hijito Marcos, hoy vuelvo a darte las gracias especialmente por la virtud de la Magnanimidad, por el espíritu magnánimo que siempre has tenido y con el que siempre Me has servido.
Sí, tan magnánimo, siempre buscando hacer cosas difíciles por Mí, siempre buscando hacer cosas grandes por Mí.
Siempre tan magnánimo, siempre buscando darme un gran Santuario, para que aquí pueda brillar Mi gloria y sea vista por todos Mis hijos. Y para ello, has dedicado tantos años de tu vida no sólo rezando, sino también, trabajando, haciendo Mis imágenes, haciendo libros de Mis mensajes, haciendo Mis medallas, haciendo CDs de oración, de los Rosarios meditados y Rosarios, haciendo películas de Mis apariciones y de las vidas de los santos.
Haciendo tantas cosas, para poder construir este Santuario que tanto deseo y que también sé que Mi hijo tanto deseas, para darme muchas almas, almas que son llamas incesantes de amor y donde quiero reunir y guardar a todos Mis hijos en el refugio seguro de Mi Corazón.
Siempre magnánimo, siempre celoso, siempre responsable, siempre Marcos, ¡siempre amor!
Tan magnánimo, tratando por todos los medios de darme a conocer y de hacerme amar y por eso has dedicado tantos años de tu vida a dar a conocer Mis mensajes, a dar a conocer Mi vida y hacerla amar a todos Mis hijos por todos los medios: escribiendo, publicando libros, difundiendo todo esto a través de los medios de comunicación, por la palabra en los cenáculos. Y también, por tantos medios que habéis intentado utilizar para darme a conocer y hacerme amar.
Sí, tan magnánimo, tan responsable, tan celoso, siempre amor, siempre Marcos.
Tan magnánimo, buscando darme no sólo un gran Santuario físico, sino también, un gran Santuario espiritual en las almas de Mis hijos. Y para ello, dedicaste 30 años de tu vida, haciendo cenáculo tras cenáculo, asedios a Jericó, vigilias y tantas otras cosas para construir en el corazón de Mis hijos un Santuario vivo para Mí, una Basílica viva de amor para Mí.
Sí, cuántos miles de kilómetros habéis recorrido, cuántos caminos, cuántos días y noches siempre caminando, siempre llevando Mis mensajes, haciendo Mis cenáculos. Tantas veces dejando de descansar, de divertirte, de estar con tu familia, para pensar sólo en Mí, para luchar por la salvación de mis hijos, para hacer los cenáculos para ayudar a su fe, para ayudar a sus almas y enseñarles el camino de la oración, de la conversión, del amor a Dios y a Mí.
¡Tan magnánimo, tan celoso, tan responsable, siempre amor, siempre Marcos!
Tan magnánimo, nunca contento con lo que ya había hecho por Mí y siempre buscando hacer más, siempre buscando atreverse a más. Emprendiendo cosas grandes, difíciles, arduas, todo para levantar para Mí esta casa, para levantar para Mis hijos Mi hogar. Donde Mis hijos puedan encontrarme viva aquí y puedan aprender de Mí las lecciones maternales de Mi Corazón y lo que deben saber para servir a Dios perfectamente, exactamente. Y así santificarse y hacerse dignos del Cielo.
Sí, quisisteis hacer un hogar para Mí, en tiempos de apostasía, tiempos de dificultad, de crisis, de pérdida de fe, y cuando el amor, la fe en el mundo se ha enfriado y ha desaparecido. Y sin embargo, incluso sola, muchas veces e incluso sin la ayuda necesaria luchasteis, trabajasteis día y noche física, espiritual, psicológicamente proporcionando no sólo los recursos necesarios para la construcción de esta casa Mía. Sino incluso trabajando físicamente para construirla hasta la extenuación muchas veces, como lo vi.
Todo esto, para darme un hogar, para darme un techo sobre Mi cabeza, donde Mis hijos pudieran encontrarme aquí viva morando con ellos y derramando sobre ellos las corrientes de gracia de Mi Corazón.
Siempre magnánimo, tan celoso, siempre amoroso, ¡siempre Marcos!
Tan magnánimo, y aun viendo la dificultad de la misión que te encomendaba, dijiste que sí. No tuviste miedo ni al sufrimiento, ni al dolor, ni a la muerte, y gracias a ello Mis mensajes llegaron a tantos de Mis hijos, que sin ellos se habrían perdido irremediablemente.
Gracias a esto, tantos se han salvado, gracias a esto, tantos que eduqué en esta escuela de santidad Mía están hoy en el Cielo. Y muchos más irán allí porque no tuvisteis miedo y fuisteis magnánimos, pensando sólo en Mí, pensando sólo en las almas y no en vuestro propio bien, en vuestra propia comodidad.
Magnánimo, siempre tan celoso, tan responsable, siempre amor, ¡siempre Marcos!
Tan magnánimo y viendo que esta misión le costaría tanto, tanto sacrificio, tanto trabajo, tanta fatiga, tantas injusticias. Pero, aun así, aceptó por amor a Mí, por amor a Mi hijo Jesús, por amor a las almas.
Gracias a esto, Mi gracia, Mi llama de amor ha podido llegar a tantos de Mis hijos que estarían irremediablemente destinados al fuego eterno, están ahora en el camino de la gracia, de la oración, de la santidad y del Cielo.
Magnánimos y aun viendo la ardua y difícil misión, el pedregoso y espinoso camino que os esperaba. Aun así, aceptaste Mi plan de amor, la misión que te confié.
Y decidisteis recorrer este camino año tras año, día tras día, sin mirar nunca hacia atrás, sin desanimaros nunca, sin quejaros nunca, ni siquiera estar satisfechos con lo que ya habíais hecho por Mí. Pero siempre buscando hacer más, siempre buscando dedicarse más, servirme más, trabajar más por Mí, sufrir y trabajar más por la salvación de las almas.
¡Siempre magnánimo, siempre Marcos!
Tan magnánimo, y aunque estaba físicamente agotado, tan cansado, abatido por los sufrimientos, por el trabajo duro, por las enfermedades, aun así no buscaba descanso, no buscaba alivio. Sino que se dedicó aún más, se esforzó aún más y trató de trabajar y servirme más.
Siempre celoso, siempre magnánimo, siempre amoroso, ¡siempre Marcos!
Tan magnánimo, y viendo el peligro que corría el mundo, que corrían las almas, viendo a Mi enemigo destruyéndolo todo, en vez de pensar en sí mismo, en cumplir sus propios deseos y planes personales, se olvidó completamente de sí mismo, se despreció completamente a sí mismo y a su propia voluntad, se mortificó completamente hasta aniquilarse totalmente por Mí, por las almas.
Sí, tan mortificado, tan celoso, siempre amoroso, siempre magnánimo, ¡siempre Marcos!
Tan magnánimo, viendo la necesidad de las almas, la ignorancia y también los vicios, la perdición en la que se encontraban las almas de tantos de Mis hijos. Y viendo que necesitarían una ayuda poderosa, grande, para que pudieran ser levantadas del fango en el que habían caído... Te dedicaste a grabar tantos Rosarios meditados, tantos Rosarios meditados, a hacer tantas películas de Mis apariciones, de los santos. Y harás mucho más para sacar a Mis hijos del pantano del pecado, de las adicciones y de la ignorancia donde estaban y donde tantos están todavía.
Y para ello, no mediste esfuerzos y día tras día grabaste, trabajaste grabaste, Me serviste olvidándote tantas veces hasta de descansar, hasta de comer y hasta de dormir lo suficiente, todo por salvar almas.
Tan magnánimo, tan mortificado, tan desinteresado, tan celoso, ¡siempre amor, siempre Marcos!
Tan mortificado y también tan magnánimo, viendo que muchas almas sólo podían salvarse si se ofrecía un gran sacrificio en su intención de lograr para ellas la conversión. Has aceptado todas las enfermedades que te he pedido que aceptaras y ofrecieras, todas las que te he enviado, y especialmente estas últimas, y siempre lleno de amor, siempre paciente, siempre fiel.
Has sufrido y has ofrecido el sacrificio necesario para lograr el milagro de la conversión de tantas almas que, muertas por el pecado, ya no tienen méritos para lograr su propia salvación.
Tan magnánimo, tan celoso, tan mortificado, siempre amor, siempre Marcos.
Por todo esto te doy las gracias Mi pequeño hijo, no te desanimes. Y adelante, siempre adelante porque tu vida, tu magnanimidad ha hecho que Mi llama de amor y Mi gracia llegue a tantos hijos Míos, que si no fueras así y no tuvieras esta virtud estarían perdidos para siempre, porque Mi gracia no podría llegar a estos hijos.
A través de vuestra magnanimidad hago llover sobre Mis hijos de todo el mundo una lluvia de gracias copiosas cada día, especialmente sobre este país que recibió tanto de Mí, pero pagó con ingratitud todas Mis gracias, Mi beneficio y Mi amor.
Así, Mi corazón puede llegar aún a Mis hijos más alejados de Mí y más sumidos en las tinieblas del pecado, de la perdición, de la ignorancia total de Dios, de las cosas santas, y puedo hacer brillar para ellos la luz de Mi amor y de Mi corazón.
Adelante Mi rayo de luz, sigue iluminando el mundo entero con la luz de tu magnanimidad y así, Mis hijos verán Mi gloria, Mi amor, Mi deseo extremo de salvarlos, ardiente de tenerlos Conmigo en el Cielo. Y entonces, finalmente, comprenderán Mi amor, comprenderán Mi preocupación por ellos, y todos vendrán a Mis brazos entregándome sus corazones. Entonces, ¡Mi Corazón Triunfará!
Continúa rezando el Rosario de las Lágrimas cada día.
Rezad el Rosario de la Paz para alejar el peligro de la Tercera Guerra Mundial y para vencer a los demonios de la Guerra, que ahora esparcen su humo oscuro y mortífero sobre la humanidad.
Os bendigo a todos con amor: desde Lourdes, desde Pellevoisin y desde Jacareí».
Mensaje de Santa Lea y de Nuestra Señora Tras la Bendición de los Objetos Religiosos
(Santa Lea): «Amados hermanos Míos, Yo, Lea, me alegro de veros a todos una vez más. Buscad las cosas celestiales para las que fuisteis creados de forma única.
En estos tiempos malos, el enemigo intentará por todos los medios alejaros de las cosas celestiales. Resistidle formando una barrera espiritual a vuestro alrededor, rezando el Rosario continuamente todos los días, haciendo la meditación que tanto ilumina y llena el alma de la gracia de Dios.
Formad también esta barrera a vuestro alrededor eliminando del ambiente en el que vivís todo lo que pueda embotar vuestra alma, todo lo que pueda desertarla, llenarla de aridez o enfriarla en la oración y en el amor a Dios.
Rodead vuestras almas de signos, de oración y de todo lo que pueda moverlas a un mayor fervor, a un mayor amor a Dios, a un mayor amor a la Santísima Reina y a una mayor concentración en la presencia de Dios.
Rezad el Rosario todos los días, para que a través de él hagáis crecer en vuestro corazón las semillas del amor y de la santidad.
Cultivad en vuestros corazones un amor grande y verdadero, porque sólo los que tienen un amor grande y profundo podrán entrar en el Cielo.
Cultivad la virtud de la magnanimidad que tuvo nuestra Bendita Reina, que tuve Yo y que ha tenido Mi amado Marcos todos estos años, porque sólo los magnánimos entrarán en el Cielo.
Os amo y estoy siempre con vosotros y nunca os abandonaré. Ahora os bendigo a todos con gran amor».
(María Santísima): «Como ya os he dicho, allí donde llegue una de estas santas imágenes y objetos estaré viva con Mi hija Lea y Mi hija Rosa Gatorno derramando las mayores gracias del Señor.
Hijo mío Marcos, hoy me ofreciste los méritos de Lourdes 2 también del Rosario meditado 58, 65, 82, 97 y 109. Ofreciste por tu padre Carlos Tadeu y por todos los presentes. Ahora derramo sobre él 5.823.000 (cinco millones ochocientas veintitrés mil) bendiciones. Sobre Mis hijos que están aquí derramo ahora 3.858 (tres mil ochocientas cincuenta y ocho) bendiciones que volverán a recibir el próximo domingo.
Así transformo el gran fuego, la gran llama de caridad y amor de tu corazón en gracias convirtiendo tus méritos en bendiciones y derramándolas sobre Mis hijos.
Sí, sí Mi amado hijo, sigue, sigue ofreciendo el poder, el valor de tus méritos para ayudar a Mis hijos que están tan empobrecidos por este mundo y por la apostasía, que no tienen méritos a los que recurrir para poder alcanzar las gracias que necesitan para su salvación.
De este modo sois amor, y el amor lo es todo.
En cuanto a ti, Mi hijito Carlos Tadeu, continúa meditando en el gran amor que te he manifestado al darte como hijo al más obediente y magnánimo de Mis siervos, Mis esclavos del amor, Mis hijos.
Sí, este rayo de luz, este ángel magnánimo es también una gran gracia para vosotros, porque gracias a su magnanimidad habéis recibido de Mí a través de él tantas y tantas gracias. Y él sufre continuamente, se martiriza cada día en un continuo martirio de amor, clavado en la cruz cada noche para obtener tantas gracias para vosotros, especialmente esa gran gracia que ya habéis recibido de Mí a través del sacrificio de su dolor de cabeza, y tantas otras que aún recibiréis gracias a la magnanimidad de este hijo.
Yo hago llover sobre ti cada día una copiosa lluvia de tantas gracias, de tantas bendiciones.
Así pues, sed felices y contentaos, porque ésta es la gran señal del amor que os tengo y de lo queridos y preciosos que sois para Mi Corazón Inmaculado.
A ti y a todos Mis hijos aquí presentes os bendigo de nuevo para que seáis felices y os dejo Mi paz».
"¡Soy la Reina y Mensajera de la Paz! He venido del Cielo para traeros la paz!"
Todos los domingos hay Cenáculo de Nuestra Señora en el Santuario a las 10 de la mañana.
Información: +55 12 99701-2427
Dirección: Estrada Arlindo Alves Vieira, nº300 - Bairro Campo Grande - Jacareí-SP
Escucha Radio Mensageira da Paz
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